Los latidos del intelecto - Dostoyevski


El tunelRubén RG.- Las afecciones emocionales conducen a las personas que las sufren a diversas situaciones complejas y enrevesadas, que hacen que los acontecimientos se desarrollen de una manera muy singular. Fiodor Dostoyevski es un maestro a la hora de introducirse en la diversidad de emociones que presentan los personajes de los libros que regaló al mundo. En Crimen y Castigo se nos muestra a un genio torturado, una mente brillante que ejecuta un crimen sin escrúpulos, aunque lo cometa un tipo de persona moralmente ejemplar, es el héroe, antihéroe que confunde la percepción de una realidad marcada por la miseria y la desesperación.

El escritor ruso es muy descriptivo y denuncia de un modo casi cruel la situación de la Rusia de los emperadores. Donde existía una tremenda cantidad de personas que vivían al borde del colapso nervioso debido a la brutal pobreza que tenían que soportar. Una sociedad muy segmentada y polarizada hacia las diversas clases sociales que la componían, con el fantasma de la esclavitud todavía rondando por el contexto de este tiempo. Además era una civilización proclive y propensa al odio racial y a apartar a los diferentes elementos sociales que sentían de manera distinta o no estaban dentro de la inercia que marcaba el buen hacer del momento histórico. En definitiva, nos enseña un mundo cruel y duro, en el que la supervivencia se hace el último clavo al que poder agarrarse, con el alcohol y la pobreza más absoluta como germen de una ciudadanía perversa y marcada por el fuerte ojo crítico que desempeñaba el papel de la opinión pública.

Llama la atención la bondad y el ejemplo ético que demuestran algunos de sus personajes más humildes y con vidas más complicadas. Poco a poco va mostrando el trasfondo de unos individuos geniales que desarrollan su existencia de manera honrosa y honorable y van salvando lo poco que se puede rescatar dentro de la salvaje vida del San Petersburgo de la época. Con su literatura, el escritor ruso transporta al lector y le hace penetrar en la obra con sus cinco sentidos, lo que nos muestra el dominio del movimiento realista y casi naturalista que tenía este autor. También consigue que el que se imbuye en su mundo tenga que tener una constante pulsión intelectual y una concentración máxima, para seguir los razonamientos de una obra magistral y llena de emociones que absorbe por completo a quien la reflexiona y la interioriza.

Esta crítica contextual nos deja ver la naturaleza del autor ruso, y nos enseña rasgos de su vida. Con fe en el ciudadano y en la humanidad, Dostoyevski habla de la dignidad del hombre, le toma como medida del universo. Además se ve su fuerte influencia nihilista, pues desde el principio rechaza cualquier dogma religioso o incluso político-imperial. De esta forma, se observa la precocidad espiritual de este maestro del alma humana y lo adelantado a su tiempo que parecía estar.

Un punto destacable y verdaderamente genial es la disección psicológica de las mentes de los actores que toman parte en el escrito. Dostoyevski fue probablemente el primer existencialista, aunque el movimiento se desarrollara casi cien años después y también el primer psicólogo, aunque ni siquiera estuviese desarrollada todavía esta disciplina. Los soliloquios del protagonista principal Rodia son una verdadera obra de ingeniería mental y se vislumbra el espíritu subversivo y rebelde que tiene el escritor. Incluso son muy remarcables las conversaciones que mantiene con el juez instructor, pues es como asistir a un combate dialéctico de altísimo nivel que deja petrificado a los espectadores.

El manejo de las emociones en la obra está más que probado y demostrado, todos los personajes tienen una complejidad interior digna de admiración y entrelaza sus vidas, de tal manera, que el conjunto toma una forma simétrica, pese a que cada uno tiene una historia personal marcada y distinguible. La evolución de los sentimientos del protagonista, o la intermitencia emocional y mental que va siguiendo a lo largo del relato, hace que sea una experiencia reconfortante para el espíritu del lector que se adentra en la historia.

Aparte de la complejidad emocional, la tensión de la obra es digna de mención, pues consigue que nunca sepas qué va a ocurrir, aunque sabes perfectamente lo que acabará pasando. Mantiene el ritmo de la novela en todo momento, a través de la inserción de distintos individuos complejos emocionalmente, que te muestran un escenario oscuro y lleno de intenciones. El papel que cada uno de los personajes tiene en el cómputo hace que sea un texto, con un hilo conductor muy claro, los desvaríos mentales del protagonista, aunque cada una de las personas que rodea ese alma mater de la obra la complete y la haga tener un sentido total, con un equilibrio perfecto.

Dostoyevski también expone el tema de la locura, pues, en muchas ocasiones, los delirios de grandeza y la pérdida de la percepción real del momento hacen que se muestre el verdadero desvarío de la mente principal. Toma la locura como una parte de la vorágine social, marcada por la miseria y por las condiciones infrahumanas que tenían que soportar los ciudadanos peterburgueses de la época. De esta manera, la línea que se dibuja entre la cordura y la locura es muy fina y no sabes si los desvaríos son afecciones del cerebro o verdaderas súplicas ante el terror producido por las penalidades con las que se convive y que se tienen que soportar.

La realidad ha cambiado mucho desde entonces, pero las intersecciones emocionales siguen estando presentes. Las intermitencias de espíritu y la dificultad para que la ética sobreviva en este mundo siguen siendo una asignatura pendiente de la humanidad. La lucha por los derechos de los ciudadanos nunca debe desaparecer, pues el individuo es la medida de todo lo que acontece y las personas que componen los Estados son las que tienen que marcar la convivencia en los diferentes países. Dostoyevski mostró el camino del intelecto y la fortaleza del espíritu, a nosotros nos toca continuar su obra y seguir permaneciendo impasibles ante las torturas internas que producen las intenciones más perversas propias de la esencia humana. La dignidad es un deber para todo el que quiera ser capaz de mirar a los ojos a la vida.