La miseria del alma - Arkadi Babchenko


Rla guerra mas crueluben RG .- Las guerras han asolado los territorios y a los seres humanos que los habitaban desde el principio de los tiempos. Un episodio más de este sinsentido es la Guerra de Chechenia, que Arkadi Babchenko nos describe con todo lujo de detalles, en su libro La Guerra más cruel. Los episodios relatados por Babchenko son de una crudeza sobrecogedora. Explica las prácticas que utilizan los soldados rusos dentro de su propio ejército, denominada dedovschina, y lo cruel que resulta en numerosas ocasiones. Desde que comienzas a leer, te desgarra la historia, es como si estuvieras perdiendo parte de tu vida y casi duele físicamente lo que el autor te cuenta.


La guerra de Chechenia fue salvaje, cruel, como muchas otras de finales del siglo XX o principios del XXI. Es casi imposible creer que la civilización haya llegado a traspasar fronteras tan espeluznantes. No es posible imaginar como se pueden maltratar y reducir a escombros los Derechos Humanos, pues son la consecuencia del desmedido salvajismo al que puede llegar, traspasando todos los extremos, el hombre. La historia de Babchenko es atroz, psicológicamente durísima de soportar y de percibir mediante sus escritos, para el que decide acercarse a ella. La adolescencia suele ser una época convulsa y rebelde, donde las personas comienzan a cimentar lo que luego serán en el futuro. La guerra obliga a esos adolescentes a hacerse hombres a la fuerza, pero hombres destruidos, personas que nunca volverán a mirar igual, con el alma rota y totalmente resquebrajados internamente. Cimientan su conducta sobre unas ruinas morales difíciles de olvidar y nunca más volverán a creer en la humanidad como creadora de nada, sino como destructora y aniquiladora.


Además de la crueldad y la infructuosa pérdida de conciencia de lo real y lo irreal, además del miedo, del espanto de yacer agujereado y aniquilado por dentro y por fuera, la guerra es un germen de corrupción absoluto. En la guerra sale lo peor del ser humano y Babchenko reflexiona bastante sobre ello en su libro. Explica hasta qué punto estaba esa guerra infectada de corrupción. Las atrocidades salvajes que tuvieron que sufrir los civiles chechenos y los saqueos que había en las ciudades. Denuncia en su obra la bajeza moral del Ejército Ruso en su conjunto, como les robaban las medallas de honor y se las repartían a sus amigos, o a quien vigilaba, mientras los oficiales robaban la comida del regimiento. Explica como la Guerra de Chechenia fue una guerra vendida desde el principio, que tan solo costó numerosas vidas de jóvenes rusos y chechenos, que morían sin conocer siquiera la causa principal por la que luchaban y se despedazaban unos a otros.


Con la religión como arma arrojadiza y justificación vaga del conflicto, existe un trasfondo más real y codicioso que envuelve a la guerra caucásica. La región chechena es rica en petróleo como muchas zonas colindantes y el oro negro es muy preciado en el mundo occidental. El control de dicha región, tanto por musulmanes exacerbados, como por magnates despiadados, explica la necesidad de mandar a morir a un montón de vidas apenas comenzadas, de un conjunto de chavales que no volvieron a vivir después de ir allí, los que regresaron, que no fueron la mayoría. De cualquier forma, explicar el conflicto armado, poniendo de relieve una cuestión religiosa es solo omitir un problema más profundo y que la humanidad lleva arrastrando siglos. La religión solo es la justificación primaria y absurda que los Estados quieren que el resto del mundo crea, sin cuestionar nada, pero la lucha por el poder y el dinero es el trasfondo de la mayoría de guerras que han acontecido a lo largo de la historia.


La tecnología avanza a un ritmo endiablado, los avances técnicos que en el mundo “civilizado” consiguen hacernos la vida más sencilla, en otros lugares sirven para adaptar mejor las matanzas indiscriminadas. La sociedad progresa, pero la guerra es el lugar común que rodea siempre la existencia del ser humano y mientras eso sea así, cuantos más avances técnicos tengamos, más sencillo resultará matar y acribillar a las gentes de los territorios menos afortunados. La desigualdad que sufren determinadas regiones a lo largo del mundo es abominable y deberíamos reflexionar en conjunto. En las Naciones Unidas se tendría que dialogar sobre dicha permisividad con la atrocidad en determinados lugares del planeta. Pero una reflexión que sirva para algo, no que deje las cosas exactamente igual.


Europa y la frontera con Asia son lugares muy conflictivos desde el principio de los tiempos. Son numerosas las guerras que han azotado esta región y las colindantes. Poco a poco, estamos aprendiendo las bondades de la diplomacia y a respetar el Derecho transnacional, que sirve para preservar el raciocinio sobre las conductas codiciosas  e indiscriminadas. La seguridad en el mundo debiera ser una preocupación universal, pues sin un valor tan primario no se puede progresar hacia ninguna parte. Las necesidades primarias deberían estar garantizadas a lo largo y ancho del planeta, pues la lucha por la supervivencia se antoja muy dura y difícil de sostener en el tiempo.


La paz es un instrumento muy necesario para garantizar la convivencia de los ciudadanos, en los diferentes lugares del mundo y hasta que la humanidad no lo asimile y lo interiorice, seguirá habiendo sitios en los que no se pueda ni pisar y en los que la vida sea una moneda de cambio demasiado poco preciada, para el verdadero valor real que tiene. Ineptos morales se están enriqueciendo con la sangre de jóvenes que se derrama sin ninguna justificación.


Babchenko nos obliga a reflexionar con su escrito, nos introduce en un infierno cruel, al que nadie iría voluntariamente. La reflexión debe ser colectiva y con ella se debe evitar que esto suceda nunca más. Todavía existen lugares en el mundo, en los que, a día de hoy, está sucediendo lo que él explica. La humanidad en conjunto debe evitar que se propaguen las matanzas y la carnicería ni un minuto más. Existen mecanismos en el Derecho Internacional y la ONU debe tomar más poder de decisión y actuación para eliminar estos conflictos bélicos, pues son la peor atrocidad que afrontará el ser humano por ahora y para siempre.