Una mirada interior - Tokio Blues Haruki Murakami


El tunelRubén RG.- La inteligencia sensorial, íntima, perceptiva, absorbe el espíritu del ser humano consciente. La autorreflexión nos lleva a preguntarnos sobre nuestro propio conocimiento, un conocimiento biográfico, de nuestro propio ADN psicológico. Todos estamos marcados por nuestras experiencias vitales, algunos las asumen de una forma dolorosa y otros las intentan agrupar en recuerdos valiosos para superar los acontecimientos del tiempo presente, pero todos, sin ninguna duda, aprendemos de ellas, de un modo muy plástico e ilustrativo.


Haruki Murakami, es uno de esos escritores profundos y reflexivos, que nos lleva con sus libros a nuestros propios antecedentes y que nos hace evocar las sensaciones pasadas de un modo vívido. Además, nos propone su compañía a través de sus escritos y calma esa soledad espiritual en la que el ser humano se encuentra indistintamente, en algún momento de su vida.


Tokio Blues es una de esas novelas inolvidables que acompaña al lector durante toda su vida, siempre se recuerda algún fragmento de la obra. Es un texto íntimo, escrito desde la delicadeza oriental y con una majestuosidad a la hora de entablar las relaciones interpersonales digna del mejor Kundera. El autor japonés disecciona psicológicamente a sus personajes hasta mostrarnos los criterios individuales que se reflejan en el devenir de su conducta. Con una remarcable percepción obsesiva del individuo aborda la existencia y la muerte, poniendo de relieve que cuando el individuo existe la muerte no es y cuando la muerte llega, el ser humano deja un vacío agónico y despiadado.


El círculo de la vida y la muerte y la sociedad como marco contextual en el que se desarrolla la escena. Esos son los ingredientes de un texto brillante que recoge la fortaleza espiritual de sus protagonistas y que remueve las conciencias de los lectores que penetran en su escrito. En algunas ocasiones, las relaciones humanas tienden a complicarse por los acontecimientos que existen alrededor de la propia visión de las mismas. Es complicado afrontar tus sentimientos cuando entran en juego valores personales arraigados al fondo de tu cultura y de tu persona. La honestidad y la lealtad hacia uno mismo es la principal arma para luchar en una sociedad maquinal y desprovista de rigidez ética. Es en este punto donde Murakami desarrolla su escrito y nos describe la realidad vital de un librepensador abrumado por la coexistencia de un mundo interior muy rico y valeroso y la superficialidad y el materialismo que le llega desde la percepción de su contexto.


El autor japonés nos describe con exactitud y detalle el olvido por parte de la sociedad de sus individuos que forman parte de ella, la componen y la alimentan. Se pone de manifiesto el problema del sentir diferente, de esos ciudadanos considerados extravagantes, extraños, aunque brillantes a la hora de resolver los problemas triviales que les acontecen cada día. La soledad espiritual obsesiva y el recuerdo son las formas en las que los protagonistas intentan retomar unas vidas vacías y llenas de dolor, a las que no consiguen dar congruencia ni coherencia estética.


En la búsqueda del yo interior el protagonista principal recuerda su juventud y las circunstancias que sucedieron entonces. Aquí entra en juego el valor del tiempo en la novela, un tiempo regular pero inconsistente, que de vez en cuando se acelera, para mostrarnos lo que puede cambiar la vida en una semana. En otras ocasiones el tiempo languidece y entorpece el avance de las vidas de los personajes que toman parte en la acción. Esta utilización del tiempo en el recuerdo y los cambios que produce, tanto a largo, como a corto plazo nos hace comprender el dilema moral continuo al que se enfrenta el protagonista principal.


Teniendo en cuenta la filosofía oriental y cultural en la que se encuadra el autor, se comprende la manera de expresar la aventura vital recalcada en la novela. La idiosincrasia oriental se nos muestra en el valor del sacrificio espiritual, en el tesón que ofrecen sus personajes. Se nos ilustra ese aprendiz de samurái que lucha en la montaña tirando de una piedra para conseguir superar sus propios miedos y fortalecer el espíritu.


Es destacable el recurso de la montaña como curadora del alma, como sanadora de los problemas internos. La naturaleza viva y salvaje que hace reflexionar a quien se encuentra imbuido en una experiencia autorreflexiva y en situación de duelo, por la angustia que subyace con la pérdida de seres queridos. Maneja la situación de ausencia con una calma sensata y pulcra, aunque siempre se recuerda al lector la sinrazón que se vislumbra detrás de la desaparición inexplicable de un personaje carismático y aparentemente sensato.


Para concluir, se podría decir que detrás del escrito se deja ver una crítica voraz a la sociedad japonesa, o las de pensamiento occidental en general, pues están demasiado centradas en la velocidad y las innovaciones técnicas, en avanzar con un progreso desmedido hacia ninguna parte. Murakami pone un punto de calma en esta cuestión y nos deja ver los problemas que existen detrás de esas culturas de la frenética lucha por un bienestar imperecedero y por dar solución a los problemas mundanos, que requieren todo tipo de instrumentos y aplicaciones que hacen que la vida sea más fácil de sobrellevar. Pero detrás de esta innovación, nos recuerda que existen personas que se sienten olvidadas y perdidas y que no encuentran un lugar en este desconcierto ruidoso que provoca la satisfacción de las posesiones materiales y el avance de las civilizaciones con pensamiento técnico. El vivir con valores propios, sin dejarse llevar por la inercia social que marcan las modas es el verdadero reto que afrontará de aquí en adelante el ser humano.